El encuentro en las islas

EL ENCUENTRO EN LAS ISLAS

Por: Juana L. Condori Q.

Senidub, para el encuentro Memoria Indígena y NAIITS es el territorio que asegura nuestra hermandad y la reproducción generadora de ideas en comunidad. Se convierte en un campo prolífico particular que fortalece la comunidad entre los visitantes que arriban portando experiencias sociales, culturales e históricas más amplias que afectan sus oportunidades y opciones. Definitivamente, es una extraordinaria proeza de la creación, se manifiestan a cada paso en las palmeras de coco, los arbustos nobles, aves y peces que rodean por doquier. Todo confluye en nuestros propósitos y esperanza de luchar, caminar, cantar y danzar juntos.

En Senidub, las relaciones sociales entre los miembros de NAIITS y Memoria Indígena no fueron ni estáticas, ni homogéneas, ni estuvieron libres de controversia interna y asombro por la diversidad de nuestras culturas, las formas en que se demostraban influyeron significativamente en nuestra manera de percibir nuestras propias realidades y la de los otros en un territorio nuevo para todos y todas y aquí les comparto la mía.

La isla Senidub y sus habitantes guna se adaptan a procesos socioeconómicos más amplios en el conjunto de las islas, combinando toda una serie de estrategias para su supervivencia y reproducción. Cada uno de los eventuales visitantes de la isla se inquieta cuando los rostros y las manos de las mujeres gunas muestran un sinfín de molas, manillas, sujetadores, y otras muestras elaboradas en hilos y telas de colores con diseños que evocan la naturaleza impregnada en el territorio. Las miradas y las manos se detienen a adquirir los maravillosos bordados, otras simplemente se detienen a observar la labor prodigiosa de las artesanas.

Las viviendas existentes en Senidub están construidos de materiales locales y métodos de edificación propias que elevan paredes de caña y arman con prolijidad techos de hojas de palmera que se entrelazan unas con otras. Se tiene energía, abastecimiento de agua (captado y recolectado) y emplazamientos bien establecidos de letrinas. Las habitaciones tienen el carácter de término local, una parte consisten en espacios que oscilan entre 5×8 metros cuadrados y muchos otros son mayores, cual casas grandes asentadas sobre suelos arenosos, hechas de una gama igualmente amplia de materiales del lugar. La mayoría de las estructuras se hallan agrupadas en torno a un patio central. Una familia extensa guna del lugar ocupa una habitación única donde cuelgan hamacas y comparten el patio con los visitantes de la isla que transitan esporádicamente.

Desde la perspectiva externa, la mayoría de los ocupantes nativos de las islas podrían caber dentro de los parámetros de ciudadanos “pobres”. Pero es en este escenario rodeado de abundante naturaleza que el hermano y hermana guna recrea y consolida su manera de ser y sentirse en el territorio, y en el que asume una serie de estrategias para su supervivencia y reproducción. Es en este marco que la “comunidad en la Isla Senidub” lejos de ser una infraestructura esperando por todos, conforma una unidad social colectiva con identidad cuya dinámica dota de vitalidad y armonía a la isla, regalándonos el sentimiento de estar como en “casa”, vale decir como en nuestro propio territorio.

Sin proponérselo, este hermoso espacio se vuelve en testigo y nos permite planificar y debatir en grupo aspectos inherentes a las necesidades de nuestro encuentro. Aunque no hayamos participado en la construcción de las viviendas y el ánimo social del lugar, existe un grado de identidad con las mismas a medida que pasan las horas. Las hermanas y hermanos gunas y no gunas que se encuentra en Senidub pasan y saludan sin interesar mucho el grado de familiaridad o cercanía.

Si bien las actividades que se realizan en la isla son diferenciadas, tales como la elaboración de hermosísimas molas o manillas, la preparación y servicio de los alimentos a visitantes, familiares u otras ocupaciones como la limpieza de los patios agudizan un sentido de solidaridad y responsabilidad en comunidad. Como habíamos indicado si bien cotidianamente cada individuo decide sus actividades y de manera individual realizan sus ocupaciones, la solidaridad se hace presente cuando la seguridad del grupo así lo precisa.

Aunque no realicé evaluaciones rigurosas sobre este tema, creo firmemente que el sentido de solidaridad desempeña un papel vital en el éxito de la convivencia en la Isla Senidub, debido a que en varios casos el espacio en común permite la socialización continua de jóvenes, niños, niñas y adultos de una misma generación y de distintas familias gunas, en tanto que a su vez se obtiene un ambiente idóneo para vivir. En las unidades nucleares tanto jóvenes y adultos contribuyen colectivamente, mediante su mano de obra en la ampliación de algunas construcciones y la ágil colaboración en la recepción de los recién llegados, todo aporta a la convivencia de la unidad social guna apostada en esta apacible isla incluso en tiempos de tormenta.

Una comunidad isla en solidaridad

Diariamente, en nuestra estancia en la isla, se reafirma un sentido de identidad “indígena” entre los participantes, independientemente del origen y el fenotipo atribuido. Lo común y lo solidario operan en las reuniones regulares que se establecen implicando compartir una mesa común, ruedas de conversación, las cabañas a la hora del descanso… El diálogo se hace continuo y sostenido sin importar las brechas generacionales, no se evidencias fronteras de clase. Nos entendemos frente a los demás y de manera casi generalizada como “la hermana aymara, kuna… el hermano wiwa, misak, emberá…”. Se hace visible una marcada identidad de grupo, el cual reporta fortaleza y lealtad en juego cuando se trata de cuestiones de continuidad y reafirmación.

Los y las participantes en el encuentro presentan disciplina en cuanto a los horarios propuestos en el programa y los encargados velan que cada uno de los miembros de manera participativa vierta opiniones, ideas y propuestas al conjunto de los objetivos del encuentro. Cada sesión se resume en un “pagamento” wiwa, es decir en un “dar algo de mí” por escrito, al conjunto de nuestras relaciones de hermandad. Los intercambios frecuentes, informales y amistosas hacen que las dimensiones ideológicas de unos y otros se conviertan en elementos nada discordante de la experiencia en Senidub. Nada que aparentemente posibilite y complejice opiniones y criterios individuales, mismas que puedan acabar vitalizando una atmósfera de antagonismo, corriendo el peligro de superar y ofuscar los planos de nuestra amistad constituida.

Cotejando la percepción que teníamos los “unos de los otros”; simplemente fue un logro. Todos y todas conocíamos algo de cada quién, el sentimiento de familiaridad se hacía cada vez más común. Las respuestas en los círculos de conversación fueron diversas, gratificantes y expresivas, incluso el visitante casual de la isla, inmediatamente daba cuenta de que se trataba de una reunión que ponía en relevancia nuestros orígenes y los precepto de la fe como notable en medio de la diversidad presente, surgiendo una serie de propuestas que saltaron a la luz en el marco de comunidad y acuerdos amistosos de caminar juntos.

Con la finalidad de concretar el crecimiento de nuestra amistad y solidaridad vemos fructífero un intercambio de participantes en nuestros respectivos encuentros anuales, del mismo modo posibilitar la realización de algún encuentro de nuestros amigos NAIITS en alguna región del Abya Yala (Panamá, Colombia, Bolivia, Perú…), nuestra casa grande. También anhelamos promover la convivencia a nivel familiar de nuestros hermanos y hermanas del Abya Yala e Indigenous Pathways. Estar cerca y sentirnos en comunidad ayudará a articular puentes de entendimiento y amistad que yacen fragmentados por los distintos procesos de colonización por las que nuestros pueblos atravesaron.

Por otro lado, es nuestra inquietud traducir del castellano al inglés y viceversa, de manera recíproca, los avances de nuestras memorias y teologías propias, compartiendo los frutos de nuestro andamiaje Memoria Indígena y NAIITS. Es cierto que existen ciertas distinciones en cuanto a la trayectoria de cada uno, pero nuestro sentimiento convicción y esperanza son los mismos. Reconocemos que nuestros hermanos y hermanas en NAIITS han caminado muchos años y estamos seguros que de ellos podemos aprender la solidez, la perseverancia y el compromiso con un proyecto Indígena (formación de recursos), mismas que nos ayudarían acertadamente a inspirar y diseñar nuestro programa de acompañamiento a nuestros hermanos y hermanas del Abya Yala. .

Acerca de una formación teológica

Muchos de los participantes del encuentro han manifestado su inquietud acerca de las oportunidades y apoyo en el tema pastoral y las misiones en instituciones dedicadas al fortalecimiento integral de los miembros de las iglesias evangélicas. En las reuniones en Senidub, de manera particular en aquellos ciclos de conversación como parte de Memoria Indígena, hacemos un intento de registrar todo lo referente a las propuestas que emergen desde nuestras necesidades en el campo de la formación, abordando sobre todo su facilitación, utilidad y comodidad en el tema de su acceso. Por lo que se percibe no se desdeña la educación formal, si bien existen participantes que rechazan estudiar en centros de sistemas occidentales apostando más por lo indígena como un acto contestatario, lo cierto es que una mayoría se ha sumado a determinados ciclos de estudio en los seminarios y culminado en diferentes centros de formación teológica de contenido occidental, mismas que se presenta como la posibilidad más inmediata.

Nuestros hermanos y hermanas del encuentro, a pesar de las condiciones críticas y excluyentes de los sistemas educativos estatales y privados, apuestan por la educación formal en su recorrido espiritual y lo consideran importante para completar el cuadro particular que significa ser un cristiano indígena. Cada uno maneja bastante bien su lengua materna y la lengua castellana, como muchos en la mayoría de las comunidades indígenas de hoy. Se hace gala y disfrute de un bilingüismo fluido en las intervenciones, cada vez que la palabra se les ha otorgado En este sentido, los y las participantes del encuentro incorporan entre sus preocupaciones la educación, el uso de su lengua nativa y la formación teológica en sus distintos niveles.

Muchos hermanos y hermanas arguyen que una vez que ellos parten a la ciudad desconocen las oportunidades de orientación y preparación pastoral con exactitud, de esta manera se generaliza y se da continuidad a la poca información sobre estos temas. Adicionalmente, se cuenta que los jóvenes de ahora sienten como muy poco atractivo el trabajo en la iglesia y el servicio o se involucran con muy poco compromiso y con el tiempo dejan la preparación bíblica cuando la oportunidad por una ocupación lucrativa se hace presente. Esta condición de manera inevitable convierte a la comunidad iglesia en una especie de escuela, donde el formador por excelencia es el grupo de hermanos y hermanas que perseveran en el liderazgo, mismos que con el tiempo ven la necesidad de encontrar un espacio donde alimentarse espiritualmente. Seguro llama la atención cómo muchos de los líderes de nuestras iglesias indígenas han acompañado a las comunidades o familias sin formarse en centros de educación regular pastoral o teológica, sin ningún sentimiento más que la propia fe y posiblemente en esto radica el servicio en las iglesias indígenas.

En este sentido, el encuentro en Senidub, se presenta como un espacio donde pueden recuperarse eventualmente los valores de la solidaridad, la generosidad en el servicio, la convivencia plena en la diferencia, el crecimiento en comunidad. El encuentro con nuestros hermanos NAIITS, abre la posibilidad de orientar y reorientar nuestro destino como iglesias producto de misiones que no valoran el aporte de las iglesias indígenas. Esto significa reafirmar con urgencia nuestras historias y teologías propias que dignifiquen nuestra presencia en el mundo con humildad. Enriquecernos de manera recíproca con nuestras vivencias espirituales y cotidianas entre el centro, sur, y norte del Abya Yala representaría una verdadera clave de hermandad en la diversidad. Sin embargo, no olvidemos nunca la magnitud y el valor del vínculo con nuestras comunidades madre. Avivemos siempre el sentimiento de compromiso con sus necesidades y sus luchas.

Se tiene esperanza en los vínculos con la FTL, INFEMIT, NAIITS y que sus plataformas de formación puedan colaborar en esta tarea porque se reconoce que nuestros recursos son limitados. Se reitera que se requiere formación en nuestros territorios, una formación pensada para indígenas, una educación que opte por brindar oportunidades similares para todos y todas en comunidad, lejos del horizonte individualista, progresista de los actuales sistemas educativos. Entre tanto un acompañamiento entre nosotros y nosotras, en nuestra formación, parece ser la más próxima y posible. Compartir nuestras historias aceptando consejos para crecer juntos vislumbra semejanza a la sabiduría de nuestros pueblos. Tener presente nuestros encuentros anuales, y ver fluir nuestra participación a pesar de las dificultades que lanza un trámite de migración suena real y válido. Nuestros amigos y amigas de NAIITS, por su parte, esperan que nosotros fortalezcamos nuestras memorias, ya que nuestra identidad como tal es la fortaleza referente que quiere inspirar NAIITS a los jóvenes de este tiempo y su contexto.

De muchas de las carencias del mundo indígena se ha culpado a su falta de organización. Pero es evidente ahora que la posibilidad de organizarnos y manifestar nuestros anhelos de colaboraciones mutuas se hallan presentes, proceso del que somos conscientes. Para ello Hagamos posible los cursos de sistema abierto, diplomados o maestrías desde la perspectiva y pertinencia indígena que desde todo punto de vista serían un logro importante. Hagamos que nuestros encuentros culturales sean una experiencia profunda y genuina de nuestras danzas, narrativas, relatos, tejidos, bordados, telares… Cada una de ellas, lo sabemos, son una fascinante integración de nuestra manera de vivir, sentir y pensar el mundo. En este aprender y deseo de crecer, la identidad indígena, la raíz cristiana y un proyecto en común parecen ser los nudos que nos invita fraternalmente a la unidad y al deseo de seguir compartiendo los sueños que se va consolidando como propuestas con voz propia.

Ciertamente, los puntos del encuentro son diversos e importantes, pero existe otro encuentro con aroma y sabor a territorio. Bananos, arroz, pollo, variedad de pescados, panecillos y huevos se distribuyen de manera equitativa, para el disfrute de los comensales, en medio de la charla de amigos y amigas que se entabla en torno a una mesa común. Los valores y principios que nos integran justifican los esfuerzos por preservar y ampliar nuestros lazos, intereses comunes, nuestra esperanza de gestionar un nuevo tiempo. En ocasiones se pierde la noción del tiempo, hasta que se divisa un pendiente por el cual el grupo retoma un tema central y las participaciones se hacen más ligeras y lentas, se concluye y llega el tiempo del descanso.