El Ministerio que Dios Da: Seis reflexiones

Por: Alfredo Arce, toba, Barrio Cacique Pelayo, Fontana, Chaco

PRIMERA PARTE

Yo siento compartir mi pensamiento sobre esta palabra que dice: Ministerio.

Llegué a entender que es una palabra importante, pero muchos no la entienden. Pero tienen un ministerio dentro de la iglesia o dentro de una institución. ¡Que lastima! Porque se siente espiritualmente cuando una persona está ocupando lo que Dios le dió, espiritualmente y legalmente. Se nota en su forma de hablar y de portarse.

Entonces ¿qué es lo que hace falta hacer? Es estudiar y orar y preguntar a un anciano, porque dice en Jeremías 33: 3: “Clama a mi y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes que tu no conoces”.

Estimados hermanos y hermanas: suena hermosa esta palabra: Clamar.

Quiere decir: quejarse, dar voces lastimosas, un grito de dolor. Como ese ciego clamó también. Pero la gente que le seguía a Jesús decía: !Cállate! Pero él no les hizo caso y seguía gritando: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!

Hermanos míos, éstas son las palabras que me animan muchas veces teniendo mi ministerio. Ministerio quiere decir: el servicio que una persona brinda a otra.

Según Éxodo 24: 13, Josué es el ayudante o ministro de Moisés. Era un muchacho obediente y sabio y tenía lo mas importante que es el llamado de Dios, que sentía dentro de su corazón. No era una emoción personal sino algo que recibió de Dios.

Ahora un ejemplo del tiempo de Elías según 1 Reyes 29. Elías encuentra al joven Eliseo en la chacra con bueyes. Le echa su capa encima. Aquí comienza el llamamiento de Eliseo. Pidió poder despedirse de su familia. Elías le dio permiso. “No te olvides lo que he hecho contigo.” (v. 21) Eliseo tomó dos toros y los descuartizó. Con la madera del yugo asó la carne y dió de comer a su gente, después se fue tras Elías.

Queridos hermanas y hermanos que ya nos sentimos maduros, ya es tiempo de respetar nuestro ministerio. Si no respetamos lo que Dios nos dió a nosotros, no podemos respetar al ministerio de otros. Cuando miramos la palabra de Dios nos damos cuenta que hay tantas cosas que aprender para nuestra utilidad en nuestro ministerio como obrero, o diácono, o evangelista o maestro o profeta o pastor.

Debemos saber qué es lo que tenemos que hacer, qué es nuestra responsabilidad. ¡Que sea realmente Dios él que nos llama a un cargo! Por ejemplo, le llaman a una persona al cargo de pastor. Los miembros lo nombran sin pensar de la responsabilidad de este cargo. Claro que este hermano está contento porque ahora es un pastor. ¡Gloria a Dios! Pero luego pasa esto, que no sabe celebrar la cena y no tiene enseñanza sobre varios temas.

Por eso él que se nombra para un cargo debe ser una persona con visión espiritual.

La obra del pastor tiene tres cosas importantes: su vida, su llamamiento y su obra. Es imposible dividirlos, pues si uno quiere ser un buen pastor tiene que desarrollarse completamente para que sea “enteramente preparado para toda buena obra“. Dios quiere amoldarnos del todo, entonces seremos bendición para el pueblo de Dios. El punto clave es clamar a Dios para poder solucionar todos los problemas dentro de la iglesia. Tenemos que tener visita especial como el ciego cuando la gente le quería hacer callar, el ciego seguía clamando. Luego Jesús le escuchó y le preguntó: ¿Qué quiere? ¡Yo quiero recibir la vista! Es tan clarito su pedido.

Mis estimados hermanos, no pretendo saberlo todo, pero siento compartir esta palabra sobre el ministerio. Hace falta conocer y saber como funciona. Por eso les estoy mostrando al anciano Moisés que tiene un ministro y ayudante Josué. Dice que Moisés organizó al pueblo como nación y lo condujo a la tierra prometida. Moisés fue educado en la sabiduría de los egipcios y era poderoso en palabra y en obra. A los ochenta años apareció su llamamiento, le apareció el Señor en la zarza ardiente: “Yo soy el Dios de tus antepasados, yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.

Quiero hacerte acordar hermano tu llamamiento. ¿Qué es lo que escuchó? ¿Qué es lo que vió, cuando Dios te llamó? Elías quizás tenía un llamado diferente que Moisés, pero él que llama es el mismo Dios. Y el ciego llama a Jesús con insistencia, y Jesús lo escuchó.

Le ruego que me acompañe a profundizar esta palabra “ministerio”. Si tiene algo continúe en el otro número del “Mensajero”. Le invitó a orar a nuestro Dios: “Dios eterno, santo y poderoso, te pido que por la ayuda de su Santo Espíritu, podamos llegar a comprender los secretos. Porque la Palabra dice: ‘Tu nos enseñarás las cosas ocultas’.

“Le pido, Señor, que bendiga todo aquel que tiene un cargo dentro de la iglesia. Clamamos por un espíritu de entendimiento, conocimiento y visión espiritual”.

(marzo 1999)

 SEGUNDA PARTE 

Dios los bendiga, mis estimados y queridos hermanos, en Cristo Jesús nuestro Salvador.

Gracias a los ancianos y los jóvenes por alentarme a seguir escribiendo sobre el tema del ministerio. Quiero que sepan que me animaron mucho.

Ministerio quiere decir: “el servicio que una persona le brinda a otro.” Vimos cuan importante es tener un llamado o un don de Dios dentro nuestro, en Josué, el ministro de Moisés. Y también cuan necesario es prepararse en la vida de Moisés que fue educado en la sabiduría de los egipcios. También vimos al profeta Elías, a su ministro Eliseo y al ciego que clamaba a Jesús.           Ahora meditaremos sobre los ángeles que también son ministros de Dios según Salmos 103:20-21: ¡Bendigan al Señor, ángeles poderosos! Ustedes, que cumplen sus órdenes, que están atentos a obedecerle. ¡Bendigan al Señor todos sus ejércitos, sus ministros (siervos) que hacen su voluntad!

Sí, mis estimados hermanos, existen ángeles en el cielo al servicio de nuestro Dios. Pero estos ángeles no podemos ver con nuestros ojos físicos sino con el ojo espiritual – orando a Dios con fe. David dice que son sus ministros y cumplen las ordenes de Dios.

Se necesita la ayuda del Espíritu Santo que Jesús prometió. Él será nuestra guía. Por medio de él podemos conocer nuestro ministerio. Todas estas cosas espirituales se pueden llegar a ver claramente con los ojos espirituales que son el conocimiento (espiritual).

Ya es tiempo hermanos, de sentirnos maduros, desarrollados, completos. De otro modo siempre somos niños o “carnales”. Así no tendremos adelanto en el conocimiento y en el ministerio que Ud. ha recibido. Por eso dice 1 Corintios 3:3 “Todavía tienen criterios puramente humanos (‘sois carnales`) Mientras haya entre ustedes envidias y discordias, es que siguen manteniendo criterios puramente humanos y conduciéndose como lo hace todo el mundo”.

Así que hermanos míos, éste es el peligro del tiempo que vivimos.

Les invito a orar, mirar, escuchar la Palabra de Dios. Ya es tiempo de concentrarnos en el reinado espiritual. Debemos orar: Llámame y te responderé, y te anunciaré cosas grandes y misteriosas que tú ignoras. (Jeremías 33:3)           

   Quiero mostrarles algo que sucedió en el tiempo del profeta Eliseo con su ayudante joven. Cuando salió afuera vio con sus propios ojos el ejército sirio rodeando a ellos. Él gritó: Ay, Señor, ¿qué haremos? Así es cuando nuestros ojos están mirando las cosas, los problemas, lo que sucede. Nos quedamos sin ánimo, sin visión porque no damos valor a la oración. La oración llama la fuerza espiritual.

Pero el profeta Eliseo, un anciano fuerte con madurez y experiencia, no se preocupó por la situación cuando estaban rodeados por el ejército. Le dijo a su ayudante: “No tengas miedo, porque son más los que están con nosotros que los que están con ellos.” Eliseo se preocupó para que él pueda ver lo que él ya estaba viendo. Y oró Eliseo al Señor diciendo: “Te ruego, Señor, que abras sus ojos, para que vea.” El Señor abrió entonces los ojos del criado, y este vio que la montaña estaba llena de caballería y de carros de fuego alrededor de Eliseo. (2 Reyes 6:16-17)

También en la vida del apóstol Pablo vemos el valor de la oración. Pablo experimentó la angustia pero también la ayuda de un ángel. Leemos en Hechos 27: 22-23 que él dijo a los tripulantes perdidos por una tormenta sobre el mar: “Señores, no se desanimen, porque ninguno de ustedes morirá, aunque el barco sí va a perderse. Pues anoche se me apareció un ángel, enviado por el Dios a quien pertenezco y sirvo.”

Siento orar, hermanos. No importa la distancia: “Dios eterno y poderoso, te pedimos que nos ayudes a todos nosotros que tú nos llamaste por nuestro nombre para que seamos sus ministros para que nos des espíritu de sabiduría alumbrando los ojos de nuestro entendimiento. Amén.”

(setiembre 1990)

TERCERA PARTE

Dios los bendiga mis estimados queridos hermanos en Cristo Jesús,  nuestro Salvador.

Gracias a los hermanos con que tuvimos largos ratos de charla sobre el ministerio, me siento cada vez más acompañado y rodeado de hermanos que tienen un don de Dios.

Te quisiera animar con la palabra pastoral de 2. Timoteo 1.6:

“Te quiero recordar que debes reavivar la llama del don de Dios que está en ti mediante la imposición de mis manos”.

“Yoqo’oyi nagui ‘am saqata da ‘au’edaxatoigui ñi ‘anshitaxat mayi ‘am ýami’ ñi Dios se’eso na’a’q co’ollaq ‘am sashil-lec.”

Con este don de Dios podemos llegar a ser un buen ministro de Jesucristo, con esta llama de fuego. Ella puede amoldar nuestra vida a la ley de Dios para que podamos administrar nuestro cuerpo al servicio de nuestro Salvador Jesucristo.

Para avivar el don de Dios tenemos que dedicarnos a la oración. Orar y orar.  A Pablo la oración le dió fuerza.  Experimentó la angustia pero habló con fuerza.   Orando, un ángel le trajo noticia para los tripulantes perdidos por la tormenta sobre la mar: “Señores, no se desanimen, porque  ninguno de Uds. morirá aunque el barco se va a perder. Pues anoche se me apareció un ángel enviado por el Dios a quien pertenezco y sirvo.“

Pablo se identifica con Dios a quien pertenecía y servía. Y tú, hermana y tú, hermano: ¿A quién estás sirviendo? ¿Y de qué manera?

Ahora acerca del servicio de los apóstoles. El Nuevo Testamento declara que con el aumento de los creyentes también crecían los problemas. Los apóstoles no querían atender la mesa. Convocaron a la multitud. Miren lo que decían en Hechos 6:4:

“Qomi’ nachi qolaqto’ot  da qanqouagaxaunaxac qataq da qadapaxaguenataxanaxac da l’aqtac ñi Dios.”

Los apóstoles se dedicaban a la oración. La oración puede conseguir. Fuerza espiritual se puede recibir. Todo lo que Dios ofrece – los misterios de nuestro Padre – se pueden descubrir. Se puede echar los demonios. Se puede tener autoridad de Dios (ver Efesios 6:10).

Hermanos míos, háganse fuertes en el Señor . Así Pablo aconseja para nuestro tiempo actual.  El que tiene ministerio debe orar.  El que tiene don para enseñar debe orar,  y luego tiene progreso espiritual. Primero prepararse para llegar a saber como debemos administrar, o sea, servir.

Los apóstoles se dedicaban al ministerio de la palabra (da qadapaxaguenataxanaxac da l’aqtac ñi Dios). Ellos tienen su blanco. Enseñar. Y enseñar es un servicio que uno está haciendo para el bien de los demás.

Necesitamos tener un gran aprecio por esta revista Qad’aqtaxanaxanec. Es nuestra, para compartir nuestra visión espiritual.

Yo quiero decirte, sierva y siervo de Dios, Ud. que sabe que Dios te dió un don: lea cuando tu mente está despejada de toda preocupación. Confíe al Espíritu Santo. El puede hacernos sentir algo en nuestro profundo ser. Si Ud. está compartiendo con algunos hermanos o con su esposa y cuando termine de meditar, tómalos de la mano y oremos juntos:

“Dios eterno y poderoso, necesitamos tú ayuda para poder administrar el don que diste a cada uno de nosotros. Padre nuestro, necesitamos saber trabajar en la obra suya. Necesitamos los elementos para obrar. Tu palabra dice: „Pedid y se os dará, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá“. Señor Jesucristo, tu dijiste: „Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del siglo.“ Gracias, Señor, por tu presencia a través de tu Espíritu Santo. Amén y amén”

(diciembre 1999)

 CUARTA PARTE

Con la ayuda de Dios llegué a entender que es el ministerio: es un servicio que rinde una persona a otra. Hoy día es difícil de someterse y servir a otra persona sin recibir pago o recompensa.

En los dos artículos anteriores de Qad’aqtaxanaxanec vimos a Moisés y a su ministro , el joven Josué. Este siendo joven había recibido el llamado de ser ayudante de Moisés, el hombre de Dios. Moisés no era una persona sin conocimiento sino tenía experiencia y sabiduría de los egipcios. Ahí fue educado y formado como líder de su pueblo. Así dice en los Hechos de los Apóstoles 7:22 : “Moisés fue instruido en la sabiduría de los egipcios y fue un hombre poderoso en palabras y en hechos.”

Además, en un nivel más fundamental, fue un líder supremo por el hecho de ser un fiel seguidor de Dios, dada la fe que tenía, según la carta a los Hebreos 11:24-26:

“Y por fe, Moisés, cuando fue hombre, no quiso llamarse hijo de las hijas de Faraón. Prefirió ser maltratado junto con el pueblo de Dios, a gozar por un tiempo los placeres de pecado. El consideró de más valor sufrir la deshonra del Mesías que gozar de la riqueza de Egipto porque tenía la vista puesta en la recompensa que Dios le había de dar.”

Queridos hermanos, solicito su atención como evangelista o diácono, profeta o maestro. Pensemos sobre cómo “recibir nuestro ministerio” . Primero : tenemos que ser maduros, desarrollados y preparados para poder ser un líder del pueblo de Dios. Moisés sintió profundamente el llamado a servir al pueblo de Dios en vez de gozar de los placeres dentro de Egipto. Consideró de más valor sufrir. Estas cosas el hombre puede ver con el ojo espiritual, con la ayuda del Espíritu Santo. Así uno puede ser un ministro de Dios – si su llamado viene de Dios.

La palabra de Dios tiene poder. Pero uno tiene que creer. Pablo dice que esta palabra es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien. Así Moisés sabía quien lo llamó y a qué propósito.

Vemos otro ejemplo de un joven que se llama Salomón. Salomón fue llamado para gobernar a su pueblo, pero primero el anciano David sabía bien que Dios llamaba a su hijo Salomón.

Hermano Pastor, ¿sabía usted, que el hermano a quién ungiste o apartaste tenía el llamado de Dios?

Así que David veía el llamado y Salomón lo sentía profundamente en su interior. Él sabía que su trabajo era gobernar. Y gobernar no es poca cosa. El, siendo jovencito, no tenía experiencia. El no podía dormir por pensar en lo que veía.

Hermano, ahora piense usted esta inquietud y pida dos cosas: El corazón entendido y poder distinguir el bien y el mal como Salomón pidió en 1 Reyes 3: 9: “Dame pues un corazón atento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre lo bueno y lo malo. ?Quién es capaz de gobernar a tu pueblo tan numeroso?”

Así que no importa si usted es anciano o jovencito. Usted tiene que saber que Dios te llama y para qué te llama. Y cuando nosotros tenemos el llamado de Dios sentimos y sabemos que tenemos un don. Si es para pastor uno tiene que saber y sentir. Entonces comienza a prepararse. Ore a Dios por sí mismo, por su ministerio. Estudie la palabra de Dios. Pregunte a algunos hermanos con experiencia. Este hombre o esta mujer se encuentra preocupado por lo que está viendo espiritualmente.

Pero si usted no tiene el llamado de Dios, usted no siente nada del ministerio que recibió como pastor o evangelista o profeta o apóstol o maestro. Entonces no puede ver nada de lo debe hacer.

Pedro dijo en su primer carta 4:10: “Como buenos administradores de los diferentes dones de Dios, cada uno de ustedes sirva a los demás según lo que haya recibido.”

Tenemos que ser buenos servidores por medio del don de Dios que recibimos. Porque muchas veces pasa esto: Uno recibe un ministerio y luego se hace grande en vez de ser humilde. Se hace señor lleno de orgullo en vez de servir. Va al culto cuando quiere. Sin embargo un ministro de nuestro Señor Jesucristo es un servidor.

Debemos servir en todo tiempo: tiempo de calor o de frío, pero debemos servir de acuerdo al don que recibimos.

Oremos juntos: “Padre eterno y poderoso, te pido por todos los hermanos y hermanas que pueden leer esta expresión mía y tu palabra. Ayúdanos que cada día podamos entender la claridad de tu palabra. Por medio de la ayuda de su Espíritu Santo necesitamos conocer nuestro llamado para que podamos ubicarnos bien en el lugar que nos diste. Y podamos de esta manera servir para bendecir a tu pueblo santo. Amén.”

(septiembre 2000)

 QUINTA PARTE

Yo quiero recordarme los años que le serví a mi propio padre. Desde los 9 años me enseñó a trabajar en la chacra – hasta los 20 años. Pasé momentos muy malos, peligro de golpearme y de lastimarme con las herramientas y los animales, pero me propuse de aprender lo que me enseña. El era uno de esos viejos fuertes, de carácter serio. Pocas veces que uno le veía reírse. Era serio. Desde los 16 a los 20 años procuré de sujetarme, porque dentro mío decía: “Nadie me puede enseñar como él. El es mi padre, el único que puede educarme.” Donde el me falló, es el tema del matrimonio. Pero mi madre me enseñó sobre este tema. A los 22 años me retiré del lado de mi padre. Y en el año 1971 – a los 27 años de edad – falleció mi padre. Lloré amargamente dentro de mio. Me quedé sin padre. Me sentí solo.

En el año 1976 nací de nuevo, escuchando una predicación por la radio. Sentí un llanto mío, pero por vergüenza a la gente que estaba cerca mío en ese momento, me fui a un pequeño monte, me arrodillé y lloré. Y un hermano creyente que me había seguido, me encontró arrodillado y llorando. El puso su mano sobre mi cabeza. Luego me sentí diferente.

Más tarde en ese mismo año 76 llegué a Resistencia y me congregué en la Iglesia Evangélica Unida en el barrio Cacique Pelayo. Ahí tuve un padre espiritual que fue el pastor local. Lo tomé como si fuera mi propio padre carnal. Me propuse a servir a Dios dentro de una iglesia y bajo la dirección de un pastor.

Por eso diría – pensando sobre el ministro espiritual: es un servidor de alguien. Pero si somos servidores sin enseñanza: ?Cómo saldría nuestro pequeño trabajo? Será un desastre, una vergüenza. Sin embargo, todos los creyentes tienen su biblia, el estatuto de la ley de Dios, la regla y el nivel del Dios sabio. Pero el problema es nuestro: no queremos ser enseñado porque creemos que ya sabemos todo. Y además: lo que sabemos no realizamos, no ponemos en practica. Entonces parece que no sabemos nada! Lo que nos pasa es que somos orgullosos con el ministerio. ¡Y entonces nada vale lo que decimos y lo que sabemos!

Recibir el trabajo y el deber de un ministro de un Dios vivo es muy preocupante. Antes de ser elegido hace falta buscar y tener una cualidad personal! Podemos darnos cuenta de eso por lo dicen los apóstoles cuya palabra esta escrito en Hechos 6.4. Ahí dice: “Nosotros, por nuestra parte, nos dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la palabra.”

Aquí primeramente aparece la oración, la base para el ministro. La oración te lleva a amar, a ser sujeto y obediente, respetuoso y también puede llegar a ser muy preparado en su ministerio y en su crecimiento personal.

Si Usted tiene un discípulo, su deber como ministro es este según Hechos 14.22: “Ellos fortalecían los ánimos de los discípulos, exhortándolos a permanecer fieles y diciéndoles: tenemos que pasar por muchas dificultades para entrar en el Reino de Dios.”

Pastores, nuestro deber es cuidar nuestra vida y cuidar nuestro rebaño. Y tenemos que saber que los miembros de la iglesia son personas que le pertenecen a Cristo – comprado con un precio! ?Pero como Usted los va a cuidar si no sabe cuidarse a si mosmo ? Como va a controlar a otro si Usted no se sabe controlar?

Pero gracias a Dios, la bíblia, esta palabra inspirada por él mismo Dios y su Espíritu Santo, sirve para enseñarnos. Así dice Pablo en Hechos 20.28: “Cuídense Ustedes mismos y todo el rebaño donde el Espíritu Santo les ha puesto como supervisores para pastorear la Iglesia de Dios que él adquirió para si al precio de la sangre de su propio Hijo.”

Saber cuidarse uno mismo es saber cuidar el rebaño. Y que sea el Espíritu Santo que me haya dado ese cargo! De esta manera serviré para supervisar. Pero tengo que ser preparado. Uno tiene que orar mucho y ser enseñado por alguien que nos instruya para llegar a saber trabajar. Por ejemplo el dicho del sabio Salomón: “El que ama la instrucción ama la sabiduría. El que aborrece la reprensión es un ignorante.“(Proverbios 12.1) La expresión duele pero es muy útil para el día del que quiere trabajar bien.

Acerca del deber del ministro escribe Pablo en la carta a Tito 1.5: “El motivo por el que te dejé en Creta, fue para que acabases de poner en orden lo que queda sin terminar y que pusieres ancianos en cada ciudad de acuerdo a las instrucciones que te di.”

Dios les bendiga, hermanas y hermanos en Cristo Jesús. Mi deseo y oración es que el alumbre los ojos de su entendimiento para que sepas cual es la esperanza a que él nos ha llamado y cuales son las riquezas de la gloria de la herencia de los santos. Oremos juntos : “Dios eterno, lleno de misericordia y poder. Pido que nos ayudes a cada uno de nosotros que necesitamos saber trabajar en la obra tuya y conocer nuestro lugar. Espíritu Santo, prepáranos para toda obra buena y que sepamos cuidarnos y cuidar a nuestros hermanos. !Que sea aumentada nuestra capacidad de ser buenos administradores suyos. Señor Jesús, que sepamos amarnos y respetarnos entre nosotros. Pido protección por nuestra vida y nuestras familias y que por su amor siga extendiéndose la salvación a todos los que deben ser salvos. Gracias por todo bueno recibido y también por lo malo permitido en este año. Amen.”

(junio 2002)

SEXTA PARTE

Amado hermano, consiervo del Señor del Dios bueno de misericordia, verdad y santidad. Por el Espíritu Santo hemos podido llegar a entender de lo que hemos compartido sobre “el ministerio”.

Por medio del “Mensajero” damos gracias por lo logrado dentro de los años que han pasado. También por los momentos de alegría y de tristeza. ¡Y somos mas que vencedores!

Para continuar el tema yo quiero como siervo de Dios compartir con Usted 4 puntos importantes para nosotros.

Primero: “Existe un dueño absoluto de todo  y este es Dios.”

Esto podemos mirar en 1.Crónica 29.11: “¡Tuyos son, Señor, la grandeza, el poder, la gloria, el dominio y la majestad! Porque todo lo que hay en el cielo y en la tierra es tuyo. Tuyo es también el reino, pues tú, Señor, eres superior a todos.”

La grandeza, el poder, la gloria y el dominio, el cielo y la tierra es de nuestro Dios. Y el es superior a todo el mundo. También David dice en Salmos 24.1: “Del Señor es el mundo entero, con todo lo que en él hay, con todo lo que en él vive.”

David dice que Dios es dueño absoluto de todos. También lo afirma el apóstol Pablo en su palabra a los Corintios en 1Cór 10.26: “El mundo entero, con todo lo que hay en él, es del Señor.”  También le dice a los Colosenses en Col 1.16-17:  “En él Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra, tanto lo visible como lo invisible, así como los seres espirituales que tienen dominio, autoridad y poder. Todo fue creado por medio de él y para él. Cristo existe antes que todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden.”

Este es el conocimiento de un siervo de Dios: Pablo el apóstol habla del creador del cielo y de la tierra como también de lo visible y de lo invisible, los seres espirituales que tienen poder, dominio y autoridad fueron creado por él. Y ellos se mantienen en orden, gloria a Dios.

Hermanos, necesitamos  este conocimiento como siervos del Señor Jesús: Existe un dueño absoluto de todo  y este es Dios.

Puede que Usted diga: “Este terreno es mío. Tengo la escritura en mi mano donde dice que el propietario soy yo!” Sin embargo podemos ir hasta la primera transferencia efectuado en este tierra y notaremos que el primer propietario la usurpó ya que no hay  ningún titulo que acredite que Dios se la vendió a él. Busque en su casa y vea si su abuelo le ha dejado la escritura que dice que Dios ha cedido sus derecho sobre esa porción de tierra. Ese como cualquier otro terreno estaba antes de que algún ser humano acreditara posesión de el.

Dios nunca vendió  o cedió su derecho de propiedad  a nadie. El retiene su derecho. Todo sigue siendo de ÉL! Dios sigue siendo el dueño porque Él lo creó de la nada. El es dueño por creación. ¿Quien hizo los cielos y la tierra? Cuando nacimos todo estaba creado por Dios. Nosotros siempre trabajamos con materiales ajenos.

Josué dice que Dios le dió la tierra y los israelitas en posesión y no en pertenencia.

Moisés dice a los Israelitas que Dios pide que lo honren, que sigan su camino y que lo amen  y adoren de todo corazón y que cumplan los mandamientos y leyes para que les vaya bien. En Deut 10.14 dice: “Tengan en cuenta que del Señor su Dios son los cielos y lo más alto de los cielos, la tierra y todo lo que hay en ella.” Moisés entendió eso y luego habló enseñando al pueblo de Dios. Dios lo bendiga hermanos.

Pasamos al segundo punto: “Existe un siervo encargado de la administración.”

Ahora tenemos que mirarnos a nosotros mismos. ¿Cómo estamos antes del dueño de la tierra? El apóstol Santiago tiene una enseñanza clara cuando compara con un espejo (Sant 1.23-25), diciendo: “El que solamente oye el mensaje, y no lo practica, es como el hombre que se mira la cara en un espejo: se ve a sí mismo, pero en cuanto da la vuelta se olvida de cómo es. Pero el que no olvida lo que oye, sino que se fija atentamente en la ley perfecta de la libertad, y permanece firme cumpliendo lo que ella manda, será feliz en lo que hace.”

El que oye y no practica es el que mira su cara con el espejo. Pero el que no olvida lo que oye sino mira bien la ley perfecta y llega a conocerla y entenderla bien, entonces puede estar firme y permanece en lo que sabe y en su obligación. Este será feliz en lo que hace.

Gloria a Dios, tiene que existir en una congregación un siervo o una sierva de Dios que sea capacitada y preparada para servir, que sea una encargada en la administración: Usted y yo!

Dios ha delegado en el hombre la administración de lo suyo. Lo único lo que poseemos es la confianza de nuestro amo. Entonces no traicione la confianza que Dios puso en Usted.

Por ejemplo el pastor o los pastores somos dirigentes (nataxala’pi). Tenemos que gobernar o administrar, somos encargados de las cosas de Dios.

Viene el tercer punto: “Existe un patrimonio a nuestro cargo.”

Dios nos confió muchas cosas. Primero la familia. La casa. El tiempo. El dinero. Las capacidades y talentos, los dones. Pero no se olvide: todo es de Él! Nosotros somos mayordomos. La Biblia dice que todo viene de Él. Por eso solamente le damos lo que hemos recibido.

Así dice 1Cró 29.14: “¿Quién soy yo y qué es mi pueblo para que seamos capaces de ofrecerte tantas cosas? En realidad, todo viene de ti y solo te damos lo que de ti hemos recibido.”

Esta es la verdad: Nuestro Dios tiene poder para bendecir al obediente y llegar a tener tantas cosas. Esta persona puede reconocer y decir dentro de su corazón: “Gracias por lo recibido y también estoy dispuesto a dar” Así fueron esos primeros nataxala’pi (dirigentes) en aquel tiempo, ellos fueron capacitados por Dios. Amén.

Viene el último punto numero cuatro: “Puede haber dos clases de siervos o mayordomos”

Leamos Mateo 24.45-51: “¿Quién es el criado fiel y atento, a quien su amo deja encargado de los de su casa, para darles de comer a su debido tiempo? Dichoso el criado a quien su amo, cuando llega, lo encuentra cumpliendo con su deber. Les aseguro que el amo lo pondrá como encargado de todos sus bienes. Pero si ese criado es un malvado, y pensando que su amo va a tardar comienza a maltratar a los otros criados, y se junta con borrachos a comer y beber, el día que menos lo espere y a una hora que no sabe, llegará su amo y lo castigará, condenándolo a correr la misma suerte que los hipócritas. Entonces vendrán el llanto y la desesperación. “

El siervo malo: Es el que roba a su amo y usa como propio lo ajeno y trata mal a su consiervo y se dedica a las cosas de la vida. Este hombre ignora que el Señor vendrá y pedirá cuanta de su mayordomía a todos los hombres.

El siervo bueno: Es el que comprendió que nada es suyo y que de lo dado se le pedirá cuenta. Por lo tanto lo usa para los negocias de su amo. Así leemos en Sant 1.27 y 2.15-17: “La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es esta: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y no mancharse con la maldad del mundo….Supongamos que a un hermano o a una hermana les falta la ropa y la comida necesarias para el día; si uno de ustedes les dice: <<Que les vaya bien; abríguense y coman todo lo que quieran>>, pero no les da lo que su cuerpo necesita, ¿de qué les sirve? Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta.”

Un buen mayordomo tiene que ser hallado fiel. 1Cor 4.1: “Ustedes deben considerarnos simplemente como ayudantes de Cristo, encargados de enseñar los misterios de Dios.”

Que todos nos consideren servidores de Cristo, encargados de administrar los misterios de Dios.

Hermano, siempre están las dos cosas: los materiales y los espirituales. Así sigue diciendo el siguiente versículo (1Cor 4.2): “Ahora bien, el que recibe un encargo debe demostrar que es digno de confianza.”

Somos servidores de Cristo, encargados de administrar los misterios de Dios o sea enseñar cosa secreta (na saq cha’a mayi chigoqo’ot Ñim Dios).

Que importante escudriñar la Palabra de Dios. Da justo. Uno siempre aprende mucho.

¿Que debemos hacer, hermano? Es orar, clamar, pedir ayuda al Espíritu Santo.

Con esto termino el ultimo punto: por favor no se olvide orar por uno mismo.

Gracias por su atención a los 4 puntos que son importantes para nosotros como siervos del Señor Jesús. Dios bendiga su persona, su familia y su ministerio. Este es mi gran deseo. También envio mi cordial saludo a todos los siervos de Dios. Amen – amen.

xxxxxxxxx

TEXTOS  CLAVES

Ministerio:

“Nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la palabra” (Hechos 6.4)

El deber de los ministros:

“Por lo tanto, estén atentos y cuiden de toda la congregación, en la cual el Espíritu Santo los ha puesto como pastores t para que cuiden de la iglesia de Dios, que él compró con su propia sangre.” (Hechos 20.28)

“Animaron a los creyentes, y recomendándoles que siguieran firmes en la fe, les dijeron que para entrar en el reino de Dios hay que  pasar por muchas dificultades. (Hechos 14.22)

“Dios nos ha dado diferentes dones, según lo que él quiso dar a cada uno. Por lo tanto, si Dios nos ha dado el don de profecía, hablemos según la fe que tenemos; si nos ha dado el don de servir a otros, sirvámoslos bien. El que haya recibido el don de enseñar, que se dedique a la enseñanza; el que haya recibido el don de animar a otros, que se dedique a animarlos. El que da, hágalo con sencillez; el que ocupa un puesto de responsabilidad, desempeñe su cargo con todo cuidado; el que ayuda a los necesitados, hágalo con alegría.” (Rom 12.6-8)

“Me encargó enseñarles a todos cómo se va cumpliendo su plan. Dios, creador del universo, tuvo ese plan en secreto durante siglos.” (Efesios 3.9)

“Enseña estas cosas a los hermanos, y serás un buen servidor de Cristo Jesús, un servidor alimentado con las palabras de la fe y de la buena enseñanza que has seguido.” (1Timoteus 4.6)

“Por eso te recomiendo que avives el fuego del don que Dios te dio cuando te impuse las manos.” (2Timoteus 1.6)

“Haz todo lo posible por ganarte la aprobación de Dios. Así, Dios te aprobará como un trabajador que no tiene de qué avergonzarse y que enseña correctamente el mensaje verdadero.” (2Timoteus 2.15)

“Te dejé en la isla de Creta para que resolvieras los problemas pendientes, y para que nombraras líderes en las iglesias de cada pueblo, tal y como te dije.” (Tito 1.5)

“Cuiden ustedes de las personas que Dios dejó a su cargo, pues ellas pertenecen a Dios. Cuídenlas, como cuida el pastor a sus ovejas. Háganlo con mucho gusto, como Dios quiere, y no por obligación. No lo hagan para ganar dinero, sino con un gran deseo de servir.” (1Pedro 5.2)

xxxxxxxxxxxxxxxxx

 

Estas reflexiones biblicas fueron primeramente publicadas en la revista trimensual “Qad’aqtaxanaxanec” (Nuestro Mensajero) que circula en las comunidades del chaco argentino y en los barrios urbanos donde están sus familiares.