El testimonio de Cecilio Gomez

Este escrito es la traducción del testimonio oral de Cecilio Gomez, pastor guaraní, publicado en este sitio como video en su propio idioma guaraní. La traducción fue realizada por su hermano, Bernabé Gomez. Cecilio dice así:

 

Buenos días a todos los oyentes, aquí estoy con mi sobrino David en mi casa, quiero poner en sus conocimientos nuestras historias, la familia Gómez.

Así somos, mi madre fue pobre vivía con su abuela junto con sus hermanas mayor y menor, ella crecía y se casó con mi papá, viven no mucho tiempo cuando llegó la Guerra del Chaco, Bolivia con Paraguay, es cuando nos alejamos del uno del otro. Papá acompañó a los misioneros hacia Santa Cruz mientras que mi mamá y yo en niño, fuimos prisionero por los paraguayos. Nos llevaron a Paraguay es eso lo que pasó con nosotros la familia Gómez.

Estuvimos allá casi 5 años y volvimos a nuestra comunidad. Ahí me tenían mi mamá junto con mi tío, y volvió a unirse nuevamente con mi papá. Fue muy difícil en aquellos tiempos—crecí sufriendo—y cuando se juntaron nuevamente se acoraron que ellos fueron instruido por los misioneros. Mi papá estudió en la escuela de los misioneros, así también mi mamá conocía la palabra de Dios. Recordaron todas las enseñanzas que recibieron de los misioneros y se dijeron uno al otro, somos creyentes ¿Por qué no hacemos la obra?

Mamá tenía dos hojas de himno del himnario, también mi papá tenía el libro de marcos traducido por los misioneros en guaraní, y así entonces decidieron encaminarse en la obra y se fijaron de guiarme por la senda del Señor. Comenzó culto en la casa de mi tío. Mi tío no le gustó por nada el evangelio, cuando vio que se hacía culto muy seguido nos sacó de la casa a papá, mamá y a mí. Entonces fuimos a vivir en chaco, ahí trabajaba mi papa. De ahí vino mi papá a hacer culto. Y cuando se empezó a hacer culto se vio una necesidad de tener luz. Entonces mi mamá con otra señora, hacían velas de cera, envolviendo trapo con cera. Como en ese tiempo no se conoce de fosforo, nosotros los niños cargamos leñas para encender cuando el viento lo apaga.

Y eso duró hasta que un día llegó el misionero Francisco Harwoord a visitar. Él vivía en Takuarembó. Llegó montado en una mula y la gente de la comunidad al ver salió a recibir y lloraron. Él preguntó por mi papá y le dijeron que esta ahí. Cuando mi papá vino por la tarde le avisaron que un gringo le estaba buscando. Fue y se encontraron y el misionero le pregunta ¿Qué hace? Le contestó que está empezando hacer culto. ¿Por qué paso mucho tiempo para empezar la obra? Papá le dijo que había empezado en la casa de su suegro.

El misionero le dijo yo te voy a dar lugar donde puede hacer culto, como ellos tenían botiquín, que era como farmacia que estaba en su poder, dijo: ahí puede hacer culto, -mi papa y mi mama quedaron muy contento y esa misma noches nos trasladamos a ese cuarto como no tenía nada, apena para dormir en un cuero y poncho. Dos días después Francisco volvió a Takuarembó. Desde entonces se hacía culto en ese cuarto ya no en la casa de mi tío. Así vivimos durante 4 a  5 años, velas de cera era nuestra luz, ahí yo crecí hasta que nació Daniel y después Bernabé. Con estos tres nuestro papá y mamá nos hizo crecer y a través de la palabra de Dios, oramos para dormir y por la comida y otro.

Después cuando de repente de Argentina un misionero que se llama Tomas mandó una invitación a mi papá, entonces él viajó y se encontró con el misionero. Cuando volvió le regaló una lámpara marca Coleman a gasolina y apareció otro creyente que se llama Enrique Iyambae, quien también vino de Argentina, trajo un lampión, con esas dos ya estuvimos bien para hacer culto.

Duró muchos tiempos así hasta que llegó el momento de ver la necesidad que para hacer la obra del Señor deben casarse por lo civil, entonces fueron a Charagua a casarse ante el registro civil y así volvieron a Isoso para seguir la obra porque ya había cumplido con esos requisitos. Nosotros ya crecimos y me presenté al cuartel en el año 1952, después que Sali del cuartel apareció el instituto bíblico en Camiri que está para empezar, en julio de 1953, mi papá me dijo si quiere ir a estudiar puede, decidí y fui a estudiar en Camiri, después mis hermanos fueron también a estudiar en ese mismo instituto, después que salieron del cuartel.

Así nos ha criado nuestros papás. Tomamos una decisión de servir a nuestro Dios como nos ha instruido nuestro papá tal como él hizo así queremos servir.

Después nos ha llegado una gran hambre que es la consecuencia de la guerra no había nada en los chacos todos se había perdido totalmente, me acuerdo bien que mi mamá preparaba algo de la fruta de los árboles, así pasábamos el día, pasó todo esto y nos llegó otra necesidad lo que es la ropa, yo al menos no conocía la ropa, pantalón y camisa crecí así sin nada de vestimenta me puse cualquier trapo para cubrirme, hasta que pasó toda esa etapa, me llevaron a la Argentina y ahí ayudé a ellos cuando trabajaba en la zafra, con eso conseguimos ropas para mí y mis hermanos y mamá. Así volvimos para seguir la obra del Señor.

Después llegó el momento de crítica, que papá antes era el fiestero y esta causa sus amigos se dice por qué Nazario dejó de beber. Papá les contestó que se apartó porque quiere servir a Dios, pero aun con esa respuesta sus amigos iban a su puerta con música mundana para tentarlo, queriendo sacarlo a fuerza, pero no pudieron. Así se manifestó ser creyente verdadero. Ahí se conoce el nombre de mi mamá Felicia Tamboyo, y mi papá Nazario Méndez después en Gómez, y con ese nombre nosotros quedamos así, y nos trata que nosotros somos lo que seguimos la costumbre de los gringos y dicen que somos diablos coludos.

Así vivimos y crecimos, con la instrucción que hemos recibido engrandecemos de a poco y con las lámparas a querosén que nos dejaron los misioneros y más tarde de gas seguimos creciendo en la obra, así se avanza y se ve la mejora. Lo que aprendemos en el seminario hemos puesto a servicio, estuve pastoreando más de 30 años y Bernabé por mucho tiempo, también Daniel estuvo en la obra del Señor, así servimos hasta hoy. Nuestros papás empezaron la obra sufriendo. No fue cómodo ni tranquilo, pues como ya dijo en mi niñez no conocí ropa de vestir. Agradezco a Dios que  por voluntad de Dios estamos en el camino del Señor y en el ministerio.

Vuelvo a repetir que mi mamá se llama Felicia y mi papa Nazario Méndez que más tarde llega a ser Gómez. Somos descendiente de ellos sirviendo a Dios. Nuestra responsabilidad es como nos ha criado nuestro papá así criaremos a nuestros hijos. Ellos motivo de lo estudios fuera de la casa algunos no sienten en servir a Dios. Así vivo y estoy enfermo pero el Señor siempre me mantiene con vida. Porque quiere que sirva a él aquí estoy listo para servir a donde el me lleva hasta el final. Gracias hasta otro momento.